ORIGEN DEL ESPETO MALAGUEÑO

Cada región, ciudad o pueblo de España tiene ricos y variados platos, fruto de culturas, climas y diferentes técnicas que se han llevado a cabo a lo largo de los años. Hoy vamos a tratar el origen del ESPETO malagueño, algo que está profundamente arraigado en nuestras costumbres culinarias.


Para empezar vamos a definir la palabra “espeto”: ESPETAR significa ensartar o atravesar, en este caso, las sardinas en unas cañas y asarlas con leña en la arena de la playa. Parece una tarea fácil pero no lo es, tiene “truco”. Hay que practicar bastantes veces porque si no lo hacemos, podemos destrozar el pescado.
Así que para comer un rico espeto se necesitan sardinas frescas, sal, cañas para ponerlas al fuego y, hoy en día es costumbre disponerlas en una barca llena de arena, clavarlas y asarlas así.



Esta tradición comenzó en El Palo, un barrio popular de Málaga que se dedicaba principalmente a la pesca. En 1882, Miguel Martínez Soler, vecino de esta zona, abrió un merendero o chiringuito llamado La Gran Parada. Los chiringuitos son restaurantes junto a la playa, donde se come fundamentalmente pescado. A Miguel se le atribuye ser "el padre de los espetos”. Cuenta la leyenda que en el año 1885 el Rey de España Alfonso XII, visitó nuestra provincia para comprobar los daños causados por un terremoto que hubo ese año. El rey fue a comer al chiringuito de Miguel, éste le ofreció el espeto de sardinas y el monarca empezó a comerlas con tenedor y cuchillo; cuando Miguel vio esto, le explicó en el habla popular malagueño:"Majestad asin no, con los deos” (es decir, "Majestad, así no, con los dedos"). Así se comen las sardinas, directamente con las manos y no con cubiertos.

A partir de aquí, Miguel se hizo muy famoso y popular. Artistas, toreros iban a comer sus sardinas y comenzaron a surgir chiringuitos por toda la costa. Así hasta la actualidad, convirtiéndose en uno de nuestros distintivos turísticos hoy en día.


Los entendidos nos dicen que las mejores sardinas se comen en los meses que no tienen “R”, es decir, mayo, junio, julio y agosto; en definitiva, en verano y al lado del mar. Además, cuanto más pequeñas, más buenas y sabrosas. Las pequeñitas las conocemos con el nombre de “manolitas”. La madera para el fuego, es mejor de olivo y tan solo dos minutos se necesitan para asar las sardinas.


Actualmente, el espeto es un patrimonio que nos caracteriza, es el rey de los chiringuitos. Os proponemos que lo probéis para comprobar lo rico que está, además, las sardinas son un alimento estupendo que contiene vitaminas y minerales y si se comen junto al mar, mejor que mejor.

NOTA: La caña es un utensilio de madera que se utiliza para insertar la sardina. Podéis verla en la siguiente imagen. 





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